La vida en sí es sólo una visión, un sueño.
Nada existe, salvo espacio vacío y nosotros.
Y nosotros no somos más que un pensamiento.

jueves, 4 de agosto de 2016

Cuando el adiós no es más que silencio.

Nunca he sido de las personas a las que les agraden las despedidas. Pero cuando llega el momento de decir las palabras necesarias y ver como la otra persona parte por su camino, tiendo a aplazar el momento por el mayor lapso de tiempo que pueda. Quizá tengo problemas al retener a mis seres queridos. Quizá sólo soy un egoísta cuyo mayor problema es el de no saber cuando soltar algo. O sólo quizá soy alguien que le gusta reunirse con quienes a compartido el día a día, o tal vez, unas cuantas historias.

Y cuando la despedida nunca llega y se queda en palabras al vacío, es cuando realmente me duele de sobremanera. Tal vez no llega el cierre porque nunca hubo un inicio como tal. Puede que no se me permita un "adiós" porque la historia empezó por la mitad y en consecuencia el final llegó antes de lo esperado. Existen demasiadas explicaciones para que una persona no se despida. Pero la duda descansa sobre la necesidad de saber porqué jamás lo hizo. En ocasiones puede dar paz la explicación, pero en otras, lo único que podría hacer es envenenar el recuerdo que mantienes de ésa persona.

En fin, hago éste escrito debido a que me he quedado a medias en una historia que termino antes que yo me diera cuenta. Y si bien no soy quién como para llegar con un reclamo, tampoco soy nadie como para no merecer la única palabra que necesitaría para quedar en paz. No espero que la persona en que estoy pensando al momento de escribir me lea. Ni mucho menos me comprenda, ya que de algo que siempre se jactó es de nunca anclarse a nada (o a nadie). Pero sí lo hago con la finalidad de poder sacar de mi la sensación de vacío que dejó al marcharse.

Puedo llenar mil páginas con reclamos hacia las personas que se marcharon sin dar una explicación o por lo menos, una sola palabra. Un pequeño aviso sobre el momento en que se alejan y así tener la oportunidad de amortiguar el golpe. Pero a fin de cuentas son sus decisiones y la razón por la que nunca dijeron algo está en dichas personas.

Y a ésa persona por quién escribo ésto. A la persona que jamás me leerá (quizá por suerte o mala fortuna mía) y sabrá de mi sentir sobre la despedida. Me gustaría decirle que realmente me agradó el haberla conocido. Los momentos en los que la oscuridad fue nuestra aliada y el silencio se rompía con confesiones, siempre se mantendrán en mi mente. Pues de una forma oculta, la llegué a querer. No puedo cuantificar ése sentimiento, ya que fue fugaz. Ardió tanto que se quemó al instante. Y rezo a todos los dioses porque las mariposas den los aleteos suficientes como para poder hacernos volver a encontrar en el camino. Tal vez en ése momento la historia ya no sea  a mitades, sino una nueva y completa.
Pero por ahora, creo que sólo me queda a mi decir "Hasta pronto".

Con cariño a una persona que no me leerá y ahora está en otra ciudad.
Siempre seré tu noche eterna.