La vida en sí es sólo una visión, un sueño.
Nada existe, salvo espacio vacío y nosotros.
Y nosotros no somos más que un pensamiento.

martes, 29 de enero de 2019

Noches sin frío

Recuerdo que esa noche sentí calor.
Aún en época de invierno, tu tacto inspiraba en mi la suficiente comodidad para siquiera notar el frío en mi piel. Quizá eras tú quien suplía al calor. O podría haber sido tu cuerpo sobre el mío el que curaba mis heridas y al cerrarlas, impedía al viento su entrada.
Te besaba y no era sólo tu piel la que tocaba, sino cada una de las cicatrices que llevabas en el cuerpo. las acaricié como quien sabe que con el cariño suficiente cualquier golpe sana si le das la atención debida. Pasé mis dedos por cada una, demostrando que eran parte de ti, y que yo las lamería hasta que no hubiera huella. Jugamos a callar al silencio, un concurso de quien grite más alto y el premio un orgasmo.

Ahora, soy yo el que lleva por cicatrices aquellas huellas donde pasabas tus manos; me doy cuenta que me he descuidado tanto que no supe cuidarlas o apreciar cada una en su momento.

Aquella noche nos dormimos con la respiración acompasada, y tu mano sobre mi pecho. Hicimos de una cama extraña un hogar, un nido donde nuestras alas descansaban. Le robamos tiempo al reloj, confundiendo el minutero por el horario y las manecillas giraban al revés.
Desperté y te vi dormida. No me atreví a moverme, pues sólo así podía cuidar de tus sueños un poco más.

Recuerdo con una sonrisa en tu rostro despertaste, te lanzaste a besarme a falta mejores palabras que un simple "buenos días". Le quité la luz al sol, y la puse en tu mirada. Fuimos desayuno, comida y cena de un sólo tiempo.

Esa semana fuimos felices.

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