La vida en sí es sólo una visión, un sueño.
Nada existe, salvo espacio vacío y nosotros.
Y nosotros no somos más que un pensamiento.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Un futuro... ¿Cierto?

Durante el transcurso de tu vida, descubres muchas cosas. Tienes demasiadas primeras veces, desde el primer beso, el primero desamor, la primer pelea... En fin, demasiadas primeras ocasiones que al final se transforman en repeticiones y quizá la magia se empiece a terminar. Empiezas un camino en que ya casi nada te sorprende, donde todo ya fue vivido y sólo te causa placer el seguir por aquello que conoces.
Muchas personas viven de esa forma, desgastaron tantas primeras veces que ahora hay una sensación de no poder obtener más sorpresas, es decir, desgastaron su camino de lo vivido.

Un camino en que lo que buscas no es mantener la magia y la sorpresa, sino que te preguntas el momento en que aquello que te asombra y mantiene tu curiosidad a flote, se desvanezca. Algún día llegará el momento en que lo extraordinario se vuelva común. Es que una plática especial se convierta en una banal. Que los miles temas de conversación se transformen en un "¿Y qué tal el clima?".
De pronto, lo que te maravillaba, se transforma en algo que parece pesado, una carga que hay que soportar por la costumbre misma. Pero siempre esperas que ése momento se postergue lo más que se pueda. Esperando poder alargar y congelar el tiempo y momento en que te encuentras.


Pareciera que sólo nos encaminamos al momento en que todo caiga en picada y nada tenga solución. Quizá sea así, esperamos alargar tanto el momento de la despedida que todo instante que compartes. Utilizas herramientas como la fotografía para poder capturar lo vivido, con la esperanza que cada aroma, color, sensación y sentimiento puedan ser revividos una y otra vez al verla. Pero con la conciencia a la par de que ésa misma fotografía podría ser lo que más te duela en el futuro.

Y es que ahí es donde se encuentra mucha la incoeherencia de la que intento desenmarañar los misterios, ya que vives con una intensidad tal, que al final todo puede terminar en un relámpago de dolor o quizá en un océano donde no sabes por donde ir.
Y es que cada melodía, fotografía, palabra, aroma, comida que disfrutaste, cantaste, bailaste o intentaste grabar a fuego en tu piel, se tornan en justamente un tatuaje que quizá luego no sepas como quitar y aunque quieras, jamás podrás.

No digo que todo sea pesimismo y desesperanza, sino que estoy apelando al hecho de intentar vivir al máximo cada ocasión. En que al no poder regresar, congelar o estirar cada minuto, intentamos hacerlo con todas nuestras fuerzas. Siempre deseando que nunca acabe.
Pero todo se queda en el deseo.

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